State of Love

Entrar en las casas abandonadas de Árreu otra vez era emocionante. Aunque ya hubiéramos estado, era un lugar mágico para todos –y hasta allí habíamos subido el monte unos cuantos, también los bebés, incluso el que aun no había nacido.
Cuando Theo entró en la primera casa, la que estaba rotulada como “state of love”, dijo: -“Mira! ahí hay un niño!” Pero allí no había nada, sólo rastros de vida de otros tiempos y poco más.
-“Vamos Theo, vamos a ver el resto”, le dijeron, cruzando una mirada de inquietante temor a lo que no podemos ver.
Y toda la mañana estuvo arropada por esos espíritus de otros tiempos que sólo se aparecen a algunos niños, conviertiéndola en especial, como el año anterior, como el que viene.

 

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